Este domingo he asistido a la manifestación organizada en Madrid para denunciar la situación que Israel ha creado en Gaza (un genocidio, según la pancarta de la cabecera de la manifestación). Fue verdaderamente multitudinaria: cuando la cabecera entraba en Sol, los de la parte de atrás de la manifestación aguardaban acumulados aún en Cibeles a poder empezar a andar.
Esta manifestación estuvo apoyada por los partidos políticos de izquierda, entre ellos el partido del Gobierno. Es extraño. El partido del Gobierno, el PSOE, congracia con eslóganes que acusan a Israel de genocidio, y el propio Gobierno, en cuanto miembro de la Unión Europea, mantiene a Israel como socio económico preferente, con todos los honores. El Gobierno de España, realmente, no ha movido un dedo contra un Estado al que su propio partido está prácticamente acusando nada menos que de genocidio en una demostración pública.
Por otra parte, está claro que los activistas llevan ya 60 años voceando y manifestándose contra la ocupación y la violencia y no han podido conseguir nada. Está claro que la Asamblea General de las Naciones Unidas lleva el mismo tiempo emitiendo Resoluciones contra Israel y que nadie ejecuta mínimamente sus disposiciones. Está claro que el Consejo de Seguridad es un Frankenstein incapaz de resolver conflictos como el de Israel y Palestina.
Creo que es el turno de la diplomacia internacional de los Estados. Es el turno de los Gobiernos. Es el momento de las sanciones a Israel. El momento de las medidas diplomáticas severas, que no puede poner en marcha Naciones Unidas (Capítulo VII de la Carta, artículo 41: interrupción total o parcial de las relaciones económicas, de las comunicaciones o ruptura de relaciones diplomáticas) por la parálisis del Consejo de Seguridad. Los Estados deben ahora demostrar si son fieles al espíritu de las Naciones Unidas de un orden internacional basado en la paz y la multilateralidad, que el Consejo de Seguridad no es capaz de representar. Deben hacerlo sancionando a Israel por violar el principio de prohibición del uso de la fuerza en una controversia internacional y por hacer añicos el derecho internacional humanitario.
Yo, como español, reclamo la acción diplomática del Gobierno Español, que sólo juega a quedar bien en todos los foros sin hacer nada: Interrupción total o parcial de las relaciones económicas, de las comunicaciones o ruptura de relaciones diplomáticas con Israel ya.